Informe de la OCDE y la EUIPO sobre el comercio de productos falsificados

Volver a Actualidad — martes 16 abril — 2019 porAlicia Marijuan
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La Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO), en colaboración con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) han publicado recientemente un informe sobre el comercio de productos falsificados y pirateados entre los años 2013-2016. El informe revela que el comercio mundial de productos falsificados y pirateados asciende ni más ni menos que a los 460.000 millones de euros (lo que representa hasta un 3,3% del comercio mundial en el 2016, en comparación con un 2,5% en el 2013).

Esta situación afecta sensiblemente a la Unión Europea, donde en 2016 un 6,8% de todas las importaciones de terceros países consistía en productos falsificados y pirateados, con un valor de hasta 121.000 millones de euros. Ello pese a la implicación de los diferentes gobiernos en reforzar la protección de los derechos de propiedad intelectual y los controles aduaneros. Y es que, para los titulares de dichos derechos, el mercado de las falsificaciones supone graves pérdidas monetarias, así como una erosión progresiva y constante del valor de sus activos intangibles.
Ciertamente, uno de los factores que ha facilitado el incremento en la distribución de productos falsificados es el boom de las ventas online. Si bien ha contribuido globalmente y de manera positiva a agilizar la conexión entre oferta y demanda, una gran cantidad de los pequeños envíos (de no más de 10 ítems) que se realizan a través de los servicios de correo y mensajería urgente, abarcan productos falsificados y pirateados. Este hecho incrementa el coste de las comprobaciones y las retenciones en aduanas, y disminuye las probabilidades de que los delincuentes sean detectados.

Entre los sectores más afectados, el de los productos de lujo, calzado, ropa, artículos de piel, perfumería y cosmética. Pero cada vez más se incluyen productos directamente relacionados con el medioambiente y la salud de las personas, como pueden ser juguetes para niños, productos alimenticios, productos farmacéuticos y equipos médicos, vehículos y sus repuestos, pesticidas o fungicidas, e incluso componentes de electrodomésticos, presentes en el día a día de todos nosotros. Imaginemos por un momento que el material para realizar empastes dentales, unas simples lentillas o productos autobronceadores, no cumplieran con los estándares de calidad y de seguridad europeos, o que incluyeran componentes con efectos dañinos para nuestra salud. O sin ir más lejos, un móvil falsificando una marca de reconocida reputación que escondiera un “malware” preinstalado… ¿Qué consecuencias podría tener en el mercado?

Las incautaciones en aduanas revelan los principales países y regiones de procedencia de los productos falsificados: la República Popular China a la cabeza, seguida de Hong Kong, Turquía, Singapur, Tailandia y Malasia. Al respecto, cabe destacar que China está reduciendo gradualmente sus cifras, al contrario que Hong Kong, que se ha posicionado como un importante punto de tránsito de mercancías falsificadas. Aunque en numerosos casos resulta difícil determinar el verdadero origen de las falsificaciones, ya que un mismo producto puede ser confeccionado o fabricado en el seno de una economía, posteriormente la mercancía llega en grandes contenedores a otro mercado próximo, que se encarga de la reproducción del “packaging” y etiquetado de los productos originales, alcanzando su posterior penetración en el mercado mediante pequeños envíos.

En cuanto a las empresas más afectadas por la falsificación y la piratería, en el cómputo global de 2016 se estimaba que alrededor de un 24% de los productos incautados perjudicaban los derechos de PI de titulares con sede en Estados Unidos, un 16% en Francia, un 15,1% en Italia, un 11,2% en Suiza y un 9,3% en Alemania. Siendo precisamente, China, Suiza y Estados Unidos, los países que entre 2010 y 2017, presentaron el mayor número de solicitudes de marcas de la Unión Europea. A su vez, es importante destacar que un número creciente de titulares de derechos amenazados por las falsificaciones se encuentran establecidos en Brasil, China y otras economías emergentes.

Podemos concluir que ninguna economía escapa a los efectos nocivos del comercio de productos pirateados y falsificados, y en este contexto, las políticas de cooperación se convierten en una necesidad vital, así como la concienciación a los consumidores, para tratar de abordar esta amenaza a la innovación y al crecimiento económico mundiales.

Alicia Marijuán Muñoz

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