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Festivales y Metaverso: ¿Una nueva era de la música?

martes, 4 de julio de 2023

La música nos une y, sin duda, algo nos mueve dentro. Y realmente no es nada nuevo, se tiene constancia de las inclinaciones musicales del ser humano desde sus orígenes. Ya en la prehistoria se conoce que existieron instrumentos fabricados con diferentes materiales, que aun rudimentarios y orgánicos (como fueron piedras, pieles, o huesos de animales), cumplían su objetivo de reproducir sonidos a capricho de su intérprete. Igualmente, no es casualidad que en la historia de todas las civilizaciones antiguas se puedan hacer referencias a su desarrollo musical.

En esta evolución es interesante señalar cómo posteriormente, conforme las sociedades se fueron haciendo más complejas, la música también se instrumentalizó según un propósito. Así ha derivado en una diversificación de música popular, reivindicativa, religiosa, educativa y, por supuesto, lúdica.  

Centrándonos en esta última faceta de la música, la lúdica, hay que resaltar que el abanico de estilos y artistas no ha dejado de crecer. Así pues, en este contexto, no es de extrañar que los festivales se hicieran cada vez más y más populares entre la oferta cultural. Y es que en un mismo festival podemos disfrutar de todo un line-up repleto de nuestros cantantes y dj favoritos. 

Pero ahora la relación entre el ser humano y la música ha dado un paso más, ¡los festivales han llegado al metaverso! Y festivales tan icónicos, como puede ser Woodstock, ya han elevado los decibelios de la realidad virtual.

Para entender esta nueva realidad posiblemente debamos situarnos en la pandemia y, en concreto, cuando terminó la alerta sanitaria y todos queríamos salir de casa, volver a sentir a nuestros amigos y familiares cerca y, por supuesto, disfrutar de su compañía con buena música. Situación que se dio la mano perfectamente con la necesidad de la industria musical de recuperar el tiempo y dinero que la cuarentena les hizo perder en eventos y festivales.

Y estos dos factores seguramente sean a su vez la causa del aumento exponencial que se experimentó –y seguimos experimentando– de la oferta de conciertos y festivales, rozando lo que podríamos denominar como una inflación del sector. Además, esta inundación de posibilidades también ha traído, en ocasiones, estragos que se han manifestado, principalmente, en festivales menos cuidados y menos preparados.

Así pues, en este escenario de saturación de oferta y, en ocasiones, mala ejecución, la industria ha optado por reinventarse y destacarse entre sus competidores. ¿Cómo? Ya os hemos hecho un spoiler anteriormente: acudiendo al nuevo mercado para marcas, empresas y comunidades, el metaverso.

De esta forma ya no solo podemos escuchar un reportorio de diversos estilos y artistas en un solo evento, sino que, asimismo, se ofrece una experiencia inmersiva y revolucionaria nunca vista. Además, no podemos obviar que los festivales en el metaverso ofrecen determinadas ventajas y avances frente a lo que acostumbramos en el plano físico, entre las que podemos destacar:

-       Accesibilidad desde cualquier parte del mundo: se supera la barrera del espacio y, sin importar donde se encuentren, personas del mundo entero pueden unirse virtualmente.

-       Inclusividad: las condiciones físicas de las personas desaparecen y todo el mundo puede vivir la experiencia por igual.

-       Libertad creativa: se puede diseñar todo un entorno visual a capricho de artistas que, sin estar sometidos a ninguna regla física, pueden dejar volar su imaginación de forma prácticamente ilimitada.

 -       Sostenibilidad: al no conllevar desplazamientos ni gastos de recursos, su respeto por el medio ambiente es significativo.

No obstante, a nadie escapa que, desde luego, este tipo de festivales virtuales también plantean ciertas controversias. A nivel social principalmente podemos hablar de la pérdida de contacto e interacción, lo que es inherente al ser humano y nos hace crecer y desarrollarnos, por lo que no es una cuestión baladí. Pero a nivel jurídico, y especialmente en cuanto a Derechos de Propiedad Intelectual, también se plantean retos como puede ser su gestión y protección en un entorno tan volátil como es el virtual. Por ejemplo, no sería descabellado pensar que pudieran darse casos de plagio, es decir, eventos fraudulentos que utilizaran recursos creativos o audiovisuales de festivales anteriores originales. Además, el rastreo y perseguibilidad de los potenciales responsables se tornaría, sin duda, una traba que superar, máxime si tenemos en cuenta el anonimato de internet y la existencia de tecnologías como puede ser bitcoin y blockchain que dificultan esta identificación. Y posiblemente existan otras muchas ventajas y problemáticas que hoy por hoy no pueden representarnos, pero este es el reto que nos ofrece el crecimiento imparable de la tecnología. 

Desde luego para nuestros antepasados en la prehistoria –y seguramente no tan pasados– hubiera resultado algo inimaginable esta forma de experimentar la música. Y aunque siempre habrá quien prefiera sentir un altavoz físico cerca y gente alrededor, lo interesante es que ahora tenemos una nueva posibilidad de vivir la música y los festivales. 

En definitiva, la música ha acompañado al desarrollo de todas las civilizaciones en sus particularidades. Así pues, su aparición en al metaverso no es casualidad, sino un reflejo de la era tecnológica en la que vivimos. La música siempre perdurará, que sea o no en el metaverso, solo el tiempo lo dirá.

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